El otro día en la estación de autobuses el gitano payo del conductor se fue sin dejarme montar. Estaba completo, y pese a mis insistencias de que yo quepo en cualquier rinconcito, el hombre me dejó el corazón en los huesos cuando arrancó sin mí.
Busqué una piedra y o palo cual anarquista en una manifestación, pero un viejo me persuadió con un golpe de bastón en mi espalda. Tras asestarme varios golpes, el hombre dijo algo que nunca olvidaré: "lo que tienes que hacer es poner una hoja de reclamaciones". Por su sensatez y su edor, el viejo me recordó al jefe de las Tortugas Ninja, el "Maestro Astilla". Entonces, el hombre se marchó para nunca volver. No lloré.
Ni corto ni perezoso, me dirijí al punto de información más cercano para reclamar mis derechos como cliente que había comprado su ticket para las 12,00 y que minutos después había visto marchar cualquier ápice de esperanza desde el andén 9 y 3/4.
Tras perder unos 15 minutos redactando lo ocurrido (sin incluir mi encuentro con el Maestro), me comunicaron que tras mi queja iban a facilitar un nuevo autobus inmediatamente. Fue un mal menor puesto que en lugar de tener que esperar a las 13,00 me fui a las 12,30, además, pensé que si en lugar de una persona, hubiéramos sido las 8 que nos quedamos esperando, la próxima vez podrían ponerlo más rápido aún. Y si cada cliente que se le retrasa el autobus se quejara inmediatamente, probablemente tendría que contratar a una nueva persona en el punto de información o arreglar el problema de los horarios.
La moraleja de esta historia está bien clara:
"Si un viejo te da con el bastón,
no esperes un perdón,
su consejo será mucho mejón"
Busqué una piedra y o palo cual anarquista en una manifestación, pero un viejo me persuadió con un golpe de bastón en mi espalda. Tras asestarme varios golpes, el hombre dijo algo que nunca olvidaré: "lo que tienes que hacer es poner una hoja de reclamaciones". Por su sensatez y su edor, el viejo me recordó al jefe de las Tortugas Ninja, el "Maestro Astilla". Entonces, el hombre se marchó para nunca volver. No lloré.
Ni corto ni perezoso, me dirijí al punto de información más cercano para reclamar mis derechos como cliente que había comprado su ticket para las 12,00 y que minutos después había visto marchar cualquier ápice de esperanza desde el andén 9 y 3/4.
Tras perder unos 15 minutos redactando lo ocurrido (sin incluir mi encuentro con el Maestro), me comunicaron que tras mi queja iban a facilitar un nuevo autobus inmediatamente. Fue un mal menor puesto que en lugar de tener que esperar a las 13,00 me fui a las 12,30, además, pensé que si en lugar de una persona, hubiéramos sido las 8 que nos quedamos esperando, la próxima vez podrían ponerlo más rápido aún. Y si cada cliente que se le retrasa el autobus se quejara inmediatamente, probablemente tendría que contratar a una nueva persona en el punto de información o arreglar el problema de los horarios.
La moraleja de esta historia está bien clara:
"Si un viejo te da con el bastón,
no esperes un perdón,
su consejo será mucho mejón"

parcialmente basado en hechos reales?
ResponderEliminarla entrada de nuevos personajes restaba protagonismo al maestro Astilla y al propio Richard
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